Anorexia en la tercera edad

Anorexia en la tercera edad

La soledad, el aislamiento social y la falta de recursos hace que muchos mayores dejen de comer. Algunos llegan a perder más de cuatro kilos en un mes. La desnutrición es la peor consecuencia y afecta al 37 por ciento de los ancianos de 70 años que están hospitalizados

Ha perdido cuatro kilos en apenas un mes. A sus 75 años no quiere comer porque «no tiene ganas», y apenas sale de casa. Sufre lo que los expertos denominan «anorexia senil». Según Alberto López Rocha, presidente de la Sociedad Española de Médicos de Residencias (Semer) «provoca una disminución del apetito que en la mayoría de los casos se debe a causas sociales, fisiológicas o psicológicas».
Y esta última es importante, pues «en la actualidad todavía hay un millón y medio de mayores de 65 años que viven solos y que tienen que enfrentarse a barreras arquitectónicas». Y eso no sólo quita las ganas de comer, sino que, además, les hace desconfiados. «No se fían de las personas que ponen a su disposición para ayudarles, por ejemplo, a hacer la compra, y como ellos no pueden bajar a por ella, terminan consumiendo «monoalimentos». Otro factor psicológico es la depresión y los estados de tristeza en los que se ven inmersos y que de forma indirecta repercuten en su alimentación.
No obstante, no hay que confundir este trastorno con la denominada hiporexia, que, tal y como aclara Fernando Gómez-Busto, miembro del grupo de nutrición de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología «es poco apetito». No es como la anorexia de envejecimiento, que se caracteriza por una disminución gradual de la ingesta en respuesta cambios corporales, a las menores necesidades energéticas, y a la menor actividad física». Entre los 20 y los 80 años, esta disminución se calcula, entre 600 Kcal/ día (mujeres) y 1.300 Kcal/ día (hombres) especialmente entre los 60 y 70 años y después de los 80. En cuanto al balance nutricional del paciente se produce «una disminución de la ingesta de proteínas y lípidos. Entre los micronutrientes, disminuye principalmente la ingesta de vitaminas A y D, calcio, folatos y magnesio», matiza Gómez-Busto. Otro factor es la impactación fecal. «El 50 por ciento de los mayores sufre estreñimiento, lo que hace que tengas aún menos ganas de comer», señala el presidente de la Semer. La pérdida de peso también puede ser consecuencia de una mala dentición, alteraciones del gusto, infecciones o prótesis, así como de la demencia o enfermedades neurodegenerativas.

Riesgo
Cuando el anciano deja de comer, el peligro principal es la desnutrición, que se asocia a pérdida de masa muscular y «mayor riesgo de caídas, menor capacidad inmunológica y mayor aumento de fragilidad». Según los expertos, este problema está presente en entre el 1 y el 8 por ciento de los mayores que viven en sus domicilios. «Entre los ancianos hospitalizados y los ingresados en centros geriátricos, que tienen mayores problemas de enfermedad y dependencia, estas cifras son bastante más elevadas», dice el miembro de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. Algo que corrobora López Rocha, pues, a su juicio «el 37 por ciento de los españoles mayores de 70 años que está hospitalizado muestra síntomas de desnutrición producida por dicha anorexia».
Para hacer frente al trastorno hay que acudir al médico de cabecera para que descarte otras patologías como, una enfermedad tumoral. En casa, hacer los platos más atractivos, ya que muchas veces el problema es que al no poder masticar, ingieren purés, cuyo aspecto no despierta las ganas de comer. Otra clave es tener cuidado con las siestas y, en lugar de que duerman nada más comer, es preferible que den un paseo.

Fuente: La Razón

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10 claves para prevenir la aparición de escaras

10 claves para prevenir la aparición de escaras

La cicatrización de una escara es un proceso muy largo y laborioso, por lo que la prevención es fundamental, así como saber cómo actuar desde la aparición de los primeros síntomas.

Las personas que no puede moverse o cambiar de posición sin ayuda tienen mayor riesgo de sufrir escaras y úlceras por presión.

Tal y como apuntan los expertos de la Fundación Federico Ozanam, son varios los factores que contribuyen al desarrollo de estas escaras. El estar reducidos a cama o silla, no poderse mover, falta de control de orina o excremento, mala nutrición, o falta de lucidez mental son factores que contribuyen a aumentar el riesgo de sufrir escaras y úlceras por presión.

Estar reducida a cama o a silla. Si debe permanecer en cama, en una silla, o silla de ruedas, su riesgo puede aumentarse.

Falta de actividad. Si no puede moverse o cambiar de posición sin ayuda, tiene mayor riesgo. Personas en estado de coma, las que están paralizadas o las que se han fracturado la cadera tienen mayor riesgo. El riesgo disminuye cuando las personas se pueden mover por si mismas.

Falta de control de orina o excremento. Hay mayor riesgo de padecer escaras por contacto si no puede mantener la piel limpia de orina, excremento o sudor, ya que la humedad puede irritar la piel.

Mala nutrición. Si no puede mantener una alimentación adecuada la piel no recibirá los nutrientes necesarios para mantenerse sana.
Falta de lucidéz mental. Cuando las capacidades mentales disminuyen, la persona no puede hacer lo necesario para evitar las llagas.

Desde la Fundación Federico Ozanam nos ofrecen estas 10 claves para prevenir las escaras:

1- Garantizar una buena hidratación y nutrición rica en proteínas.

2- Mantener buena higiene corporal: Realizar una ducha diaria si es posible o un aseo completo en la cama o incluso dos al día si fuera necesario. Utilizar un jabón neutro, no frotar y secar totalmente la piel cuidadosamente. Nunca aplicar alcohol porque deshidrata la piel ni hielo o secador de pelo muy caliente.

3- Controle regularmente la humedad de la piel, esta sufre una gran agresión con las heces, la orina y el sudor.

4- Realizar masajes suaves y específicos para mantener un buen trofismo de la piel. Se deben realizar sobre la piel limpia y seca utilizando los dedos y las palmas sin realizar presión excesiva siendo especialmente delicados sobre las prominencias óseas. Podemos aprovechar para aplicar cremas hidratantes o aceites bien toleradas por el paciente. Nunca dar masaje a nivel local cuando la escara esté ya en grado I o II.

5- Al hacer la cama asegurarse de que las sabanas están limpias, secas, sin pliegues ni restos de comida. No utilizar grandes vendajes o apósitos ni ropas muy ajustadas o muy sueltas de tejidos ásperos.

6- Estimule a la persona a realizar ejercicios y moverse. Si su estado de salud no lo permite, realícele usted mismo movilizaciones de los cuatro miembros para mejorar la vascularización y mantener las amplitudes de las articulaciones.

7- Cambios de posición frecuentes en la cama: Es imperativo cambiar a los pacientes de posición cada 3 horas alternando la postura tumbado boca arriba, del lado derecho a 30 grados y del lado izquierdo a 30 grados. Evitaremos girar de lado completamente a la persona ya que esto ejercerá una presión excesiva sobre el trocánter (hueso de la cadera) pudiendo provocar escaras. Nos ayudaremos de almohadas y cojines para una posición mas cómoda.

8- Si la persona mayor puede estar en la silla de ruedas o sillón no debe quedarse en cama todo el día, puede estar sentado durante 3 horas, tras este tiempo debemos asegurarnos de que se levante y camine si es posible o tumbarle para liberar los puntos de apoyo.

9- Infórmese de los tipos de materiales anti-escaras que existen para ayudarle en su labor de prevención de las úlceras por presión: cojines, colchones, taloneras.

10- Aproveche el momento del aseo, de los cambios posturales y de los masajes para inspeccionar cuidadosamente las zonas de riesgo para una correcta prevención.

Fuente: Geriatricarea

Mantener una correcta hidratación es esencial para las personas de edad avanzada

Mantener una correcta hidratación es esencial para las personas de edad avanzada

Pese a que mantener una óptima hidratación es fundamental para garantizar la salud de las personas mayores, generalmente cuando se aborda la alimentación y nutrición, el protagonismo que se le concede al agua es escaso.

Tal y como se apunta de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología – SEGG, en las personas mayores el agua ha de contemplarse como un nutriente esencial y de primer orden, sin valor calórico o energético, pues carece de macronutrientes (hidratos de carbono, grasas o proteínas), pero con un aporte de micronutrientes nada despreciable, en forma de minerales: calcio, fósforo, magnesio, flúor y electrolitos (sodio, potasio y cloro).

La adecuada ingesta de líquidos evita cuadros de deshidratación y descompensaciones orgánicas en los mayores

En este sentido, la doctora Rosa López Mongil, coordinadora del Grupo de Trabajo de Nutrición de la SEGG, comenta que “esto ha de servirnos de reflexión y animar o sensibilizar a las personas mayores, así como a los cuidadores y a los agentes de salud que les atienden, a fin de minimizar la incidencia de los problemas relacionados con una ingesta deficiente de agua y estimularles para conseguir mantener una ingesta líquida suficiente, que evite la deshidratación para la que tanta debilidad presentan los mayores”.

Pero, ¿cuándo empieza la deshidratación? El mecanismo de la sed se despierta cuando se ha perdido el 1-1,5% del líquido corporal, que es cuando comienza el proceso de deshidratación. Por ello, desde la SEGG se aconseja establecer unas recomendaciones para las personas mayores, que amortiguarían las necesidades adicionales de líquidos, evitando cuadros de deshidratación y descompensaciones orgánicas, ante determinadas situaciones extraordinarias como un aumento de temperatura ambiental; problemas digestivos: pérdidas gastrointestinales (vómitos, diarreas, hemorragia, obstrucción intestinal); pérdidas cutáneas en los problemas de salud que se acompañen de respiración acelerada; situaciones en las que se produzcan aumento de las necesidades de líquidos como fiebre, calor, quemaduras, fibrosis quística, sudoración, actividad y ejercicio físico…; o pérdidas renales (nefropatía pierde sal, enfermedad de Addison, hipoaldosteronismo…).

Además, hay que tener en cuenta que “algunos medicamentos que cotidianamente toman las personas mayores modifican y aumentan las necesidades de agua como los diuréticos, fenitoína, teofilina, broncodilatadores, laxantes, etcétera”, advierte la Dra. López Mongil.

Como recomiendan los especialistas de la SEGG, para garantizar una correcta hidratación el agua debe ser:

· Sin gas, para evitar las flatulencias, salvo en casos excepcionales en los que así se prescriba para evitar dispepsias

· Tampoco debe ser muy rica en minerales, para evitar desequilibrios hidroelectrolíticos y descompensaciones de patologías como la hipertensión arterial, insuficiencia cardíaca congestiva, etcétera.

· Además, no es necesario que toda la ingesta externa de líquidos se efectúe exclusivamente a expensas de agua, ya que se pueden utilizar alternativas adaptándose a las apetencias individuales, como leche, zumos, infusiones, tisanas, caldos, sopas, gazpacho, gelatinas…

· Ahora que se aproxima la época estival es recomendable aumentar el consumo de alimentos ricos en agua: leche entera o preferentemente desnatada o semidesnatada, yogur, verduras, fresa, sandía, melón, zumos…

· El agua se debe consumirse a una temperatura agradable (entre 12-14 grados centígrados), evitando temperaturas para evitar irritaciones faríngeas (faringotraqueitis).

· Las bebidas isotónicas son las recomendadas, pero no deben superar el 12% de su contenido en hidratos de carbono, para que no interfieran la absorción del líquido

· Buscar sabores fuertes, con edulcorantes, incluso limón, lima, que resultan muy útiles también ante problemas deglutorios.

Respecto a cuándo consumir líquidos, para una óptima hidratación desde la SEGG se recomienda:

– La ingesta de líquidos debe efectuarse gradualmente a lo largo de todo el día, forzando más en la mañana y tarde, para evitar los despertares y la incontinencia nocturna.

– En cada comida (desayuno, comida, merienda y cena) se debe tomar un vaso de agua para favorecer la ingestión de sólidos, evitando beber inmediatamente antes, así como sobrepasar 1,5 vasos durante las comidas, pues provoca llenado gástrico y saciedad.

– Se debe estimular a la persona mayor para que ingiera una cantidad adecuada de líquidos al día (1,5 a 2 litros).

– Si se aumenta la fibra dietética es necesario también aumentar la ingestión de líquidos para prevenir la impactación fecal.

– Tomar cerveza a diario tiene una influencia negativa para el estreñimiento crónico.

– Durante los períodos existentes entre las comidas, tomar al menos de 4-6 vasos de agua fraccionados.

– En personas que necesiten suplementos, la presentación líquida del mismo tiene un menor efecto saciante y mejora la ingesta especialmente en pacientes edéntulos o sin dientes, o pacientes con escaso apetito.

– La modificación de la textura de los líquidos es especialmente importante en pacientes ancianos con disfagia orofaríngea para que se mantengan adecuadamente hidratados y libres de aspiraciones traqueobronquiales.

Fuente: Geriatricarea

¿Cómo controlar la presión arterial?

¿Cómo controlar la presión arterial?

Considerada como el primer factor de riesgo cardiovascular por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la hipertensión arterial es una de las patologías más frecuentes en nuestra sociedad. Al menos 6,5 millones de españoles están diagnosticados como hipertensos.

Y si en esa cifra se incluyen también los hipertensos que desconocen que lo son, el número es mucho mayor: se calcula que en España hay cerca de 14 millones de hipertensos, según asegura el doctor José Antonio García Donaire, presidente de la Sociedad Madrileña de Hipertensión y especialista en nefrología en la Unidad de Riesgo Cardiovascular del Hospital Clínico San Carlos. De hecho, únicamente un 50% de los hipertensos conocen serlo, y de éstos, sólo un 50% se encuentra bajo tratamiento. En cuanto a los tratados, se calcula que solamente un 50% tiene controladas sus cifras tensionales.

Las consecuencias de esta patología que se manifiesta habitualmente a partir de la cuarta década de vida son muy variadas ya que está ligada a muchas otras enfermedades y afecta a los llamados órganos diana, pudiendo causar problemas en corazón, cerebro, grandes arterias, riñón o fondo de ojo. De ahí que sea tan importante controlarla. “La presión arterial es algo que tengo que medir desde joven, desde los 16 años, y si hay antecedentes, desde la edad infantil o pediátrica”, explicaba el doctor García Donaire en el IV Foro de Salud Cardiovasuclar para Pacientes y Familiares organizado por la Fundación Española del Corazón. “La razón es que es un factor de riesgo modificable. Hay determinados factores, como la edad o el sexo, sobre los que no puedo actuar. Sin embargo, sí puedo hacer algo para evitar factores de riesgo como la presión arterial elevada. Sobre todo porque partir de determinadas cifras de hipertensión mis posibilidades de tener un problema empiezan a duplicarse, y eso es lo que tenemos que evitar”, señala.

Cómo saber si soy hipertenso

Según los especialistas, la hipertensión arterial no causa síntomas en la mayoría de las ocasiones, razón por la que se la conoce con el sobrenombre de “asesina silenciosa”. Sin embargo, según el doctor García Donaire, si sospechamos que podemos ser hipertensos tenemos que prestar atención a ciertos indicios que podrían estar relacionados con esta patología:

Dolor de cabeza. No se trata del dolor de cabeza habitual sino de un tipo concreto similar al que se experimentaría con un casco de una talla más pequeña, que presiona en toda la cabeza de forma constante.

Sensación de aturdimiento. Tener dificultades para recordar cosas de las que habitualmente nos acordamos sin problema, unido a cierto malestar general, también podría ser un indicio, especialmente si hay antecedentes familiares.

Tener palpitaciones. Se trata de experimentar la sensación de que nuestro corazón va más rápido de lo normal, aunque en realidad no sea así.

Cifras óptimas

Si somos nosotros quienes nos medimos la presión arterial en casa debemos hacerlo con aparatos homologados y validados. Además, para obtener una cifra real lo ideal es que la midamos en tres ocasiones consecutivas con un intervalo de dos minutos entre la primera, la segunda y la tercera ocasión. Después, eliminaremos la primera medida y sacaremos la media de lo obtenido en la segunda y la tercera medida.

Si la máxima o sistólica de esa cifra resultante está por encima de 140 y/o la mínima o diastólica es más alta de 90, deberíamos acudir a nuestro médico porque se trata de un cuadro de hipertensión. Sin embargo, si ya estamos diagnosticados como hipertensos y seguimos un tratamiento, las cifras que nos alertan de que algo ocurre son las que haya indicado nuestro médico para nuestro caso concreto, seguramente más bajas de 140/90.

Medidas para bajar la presión

Además de los recursos farmacológicos, nuestras rutinas saludables pueden reducir los niveles de presión arterial. Según la doctora Petra Sanz, cardióloga del Hospital Universitario Rey Juan Carlos y del Hospital Infanta Elena, “los cambios en el estilo de vida nos ahorran pastillas. Hay pacientes que solamente con ese cambio consiguen que su tensión vuelva a la nornalidad sin llegar a tomar pastillas”, asegura. Por eso, para mantener la tensión controlada hay que procurar mantener un estilo de vida saludable basado en las siguientes orientaciones:

Evitar el estrés crónico. Está demostrado que el estrés crónico (el relacionado con el trabajo, la insatisfacción conyugal, una mala situacion económica…) puede provocar una elevación persistente de la presión arterial. Controlarlo es fundamental, por lo que si es necesario hay que consultar con un psicólogo o psiquiatra.

Alimentación sana. Eliminar o al menos disminuir la cantidad de sal de la dieta es una de la principales medidas a tomar. La reducción del consumo de sal a 5 gramos por día disminuye la tensión arterial en hasta cuatro o cinco milímetros de mercurio. Junto a ello son eficaces otras medidas como la disminución del consumo de alcohol, el aumento del consumo de frutas y verduras y el control del peso.

Más ejercicio. Aumentar la actividad física es clave si somos sedentarios. Un ejercicio físico aeróbico habitual es muy beneficioso para controlar la tensión si se hace todos los días, adaptándolo a la edad y circunstancias de cada persona. Entre los más recomendables está caminar durante 30 minutos diarios a una velocidad moderada.

Abandonar el tabaco. Además de muchos otros efectos nocivos, el tabaco provoca un incremento agudo de la tensión arterial y la frecuencia cardiaca que persiste más de 15 minutos después de fumar un cigarro.

Fuente: Fundación del corazón

7 formas de ejercitar el cerebro y reducir el riesgo de desarrollar Alzheimer

Diversas investigaciones han demostrado que mantener el cerebro activo ayuda a retardar la aparición de los síntomas de esta enfermedad. Podemos entrenar nuestro cerebro de muchas formas. Aquí os dejamos algunas:

1)Aprendiendo otro idioma: hay estudios que han encontrado que los síntomas del Alzheimer se manifiestan más tarde en las personas bilingües.

2)Jugando a juegos de estrategia solos o con otras personas. Podríamos incluir en esta categoría los juegos de cartas, los sudokus, los puzzles, el ajedrez, los rompecabezas.

3)A través de pequeños desafíos memorísticos, como memorizar los versos de un poema, algunas frases de nuestro libro favorito.

4)Tocando un instrumento musical trabajaremos zonas del cerebro que de otra manera no trabajaríamos. Utilizar muchas áreas cerebrales en nuestro día a día, también tiene el potencial de retrasar los síntomas de la enfermedad.

5)Resolviendo problemas matemáticos cotidianos sin la ayuda de una calculadora, o ayudando a nuestros hijos o nietos a hacer sus deberes.

6)Tomando clases de alguna actividad que nos interese: desarrollar nuevas habilidades es un excelente ejercicio para seguir manteniendo en forma nuestro cerebro.

7)Haciendo ejercicio físico: muchos estudios han señalado los beneficios cognitivos que tiene hacer ejercicio físico moderado de forma regular.

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Los héroes del Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer tiene un comienzo, dura un tiempo indefinido, esto lo saben muy bien la familia de los enfermos, sus cuidadores, pero también tiene un final en el que aún hay mucho que hacer por el enfermo y por su familia. Esto también lo conocemos los profesionales que les atendemos.

Cuidar en el final de la vida de un enfermo de Alzheimer es una tarea difícil, diría que heroica, pero necesaria para el enfermo porque en esta fase final tiene también muchas necesidades que nosotros podemos aliviar. Es un momento muy importante para el familiar-cuidador que necesita demostrarse así mismo que ha hecho todo lo que ha podido hasta el final.

Cuando cuidamos a un enfermo de Alzheimer en su fase final y pasamos junto a él bastante tiempo nos damos cuenta del cariño, de la delicadeza con la que le cuida su familia, sus cuidadores y que además, de esta manera lo están haciendo desde hace años. Sin duda son ellos los verdaderos héroes de esta enfermedad. ¡Qué lección nos dan! a los que “desde fuera” observamos estos cuidados. Ya sabemos que sus familias no desean que la Sociedad les ponga medallas ni que hablemos de ellos todos los días ¡no!, lo que desean es que se les preste la ayuda socio-sanitaria que aún les falta.

De todas las familias que hemos conocido atendiendo a estos enfermos en su fase terminal admiramos su dedicación. Para esas familias su vida es su enfermo. Hemos comprendido que esas familias, aunque con su memoria íntegra y estando conscientes, con total independencia para valerse por sí mismos (todo lo que le falta al enfermo de Alzheimer), también “padecen” la enfermedad. Lo asumen hasta el final y aún después, cuando fallece su familiar,“les falta algo” a lo que ya se habían adaptado y se habían dedicado exclusivamente. Su muerte no supone para el familiar cuidador la liberación de una pesada carga, sino tener que enfrentarse a una nueva forma de vida que había olvidado y que, en muchos casos, ya no les llena.

Por todo ello creemos que son sus familias, sus cuidadores, los verdaderos héroes del Alzheimer. En esta enfermedad está quien la padece, está quien sufre por el enfermo, quien trabaja para mejorar su calidad de vida y quien investiga para encontrar una solución. La familia-cuidadora sufre y trabaja. La figura de estos cuidadores es trascendental para la calidad de vida del enfermo y para la información de su estado al profesional sanitario, ya que llegará el momento en que sea el único referente que el enfermo tenga con el mundo exterior. Todo este tiempo de dedicación a otra persona que sólo mira fijamente a un punto de la habitación, que de tarde en tarde le dedica una enigmática sonrisa, que el único sonido que emite se limita al de su pesada respiración, cuyas muestras de afecto o agradecimiento quedan en la incógnita de una presión de la mano cuando es tomada por su cuidador, hace que el familiar cuidador se convierta en un apéndice de ese cuerpo que yace en una cama o en una silla.

Debemos concienciarnos de la importancia de esta enfermedad y de que los médicos seguirán investigando para llegar a curarla si es posible algún día. Aún no se puede curar esta enfermedad, pero sí se puede conseguir que el enfermo esté bien cuidado y tenga la mejor calidad de vida posible. La ayuda que demos a sus cuidadores se la estaremos dando al propio enfermo. Si los cuidadores son los héroes de esta enfermedad, seamos también todos nosotros un poco héroes con nuestra solidaridad, cada uno con nuestras posibilidades, como individuos, como profesionales, como comunidad, como instituciones, como una sociedad que no debe abandonar a ninguno de sus miembros.

Fuente: Serdomas

Seguía teniendo las manos frías, esta vez no se me ocurría qué contarle.

Y sin embargo, no me quitaba sus ojos de encima.

Por un momento, tuve la sensación de que sería ella la que me hablaría, la que me contaría cosas,

la que se reiría con cualquier disparate de los míos.

Pero NO, ni una mínima concesión a la esperanza.

¿Quién sabe lo que piensa cuando me mira? ¿Quién sabe lo que siente?

¿Hay alguien que pueda decírmelo?

Sólo me queda abrazarla, besarla y decirle al oido, lo mucho que la echo de menos.

Ha cerrado los ojos y está semidormida. Sigo acariciando sus manos que aún siguen frías, lleva un largo rato así.

Y de pronto, oigo que en sueños pronuncia mi nombre.

Y yo, yo doy gracias a ese habitante que se apodera de todas sus emociones,

por permitirle retener mi nombre aunque sea un instante.

Volverá a su mundo de silencio, pero esa tarde, cuando me despido de ella y cruzo la puerta,

yo misma me doy una concesión a la esperanza, al pensar que ella me siente como algo suyo.

¡Ciertamente!, después de haber tenido que renunciar a tanto, esto me parece un regalo maravilloso.

Y de nuevo toca VOLVER.

Cierro la casa dejando los recuerdos en su sitio. No es mucho pero para mi, lo es TODO.

Atrás queda ese banco que es sólo de él y mío y empieza a pasar rápido el paisaje a través de la ventanilla del coche.

Pero hay un adiós atravesado en mi garganta y una inmensa niebla cubre mis ojos.

Tendré que recorrer unos cientos de kilómetros antes de que pueda disfrutar del luminoso y claro día que ha amanecido hoy.

R. del Burgo

Know Alzheimer