¿Fallo de memoria o falta de atención?

¿Fallo de memoria o falta de atención?

La pérdida de memoria es un problema que puede estar causado por muchos factores, no siempre es por una enfermedad. La falta de atención es el más común, así como el estrés. Sin embargo, hay casos en los que sí es aconsejable acudir al médico.

¿Sientes que pierdes la memoria? Es muy probable que no tenga importancia. Aunque hay casos en los que esos pequeños despistes son más alarmantes, como en el caso del alzhéimer. Antes de saber cuándo debes acudir al médico por un problema de retentiva o deterioro cognitivo precoz, te explicamos qué es la memoria.

Se trata de una función del cerebro que permite codificar, almacenar y recuperar los hechos recientes y del pasado. Su misión es la de procesar y guardar gran cantidad de información (palabras, sensaciones, lugares, olores, etc) que consideramos relevante o que nos impacta para que podamos utilizarla en el día a día y en el futuro. Esto nos ayuda a desempeñar las tareas cotidianas, rememorar historias, prevenir situaciones que puedan dañarnos o para construir nuestro yo. Y es que somos nuestra memoria. De ahí la gravedad de enfermedades como el alzhéimer, que no solo hacen que perdamos los recuerdos, sino también la identidad.

¿Por qué perdemos memoria?
Son varias las causas que pueden provocar fallos y no todas tienen que ser por enfermedad. Por ejemplo, lo más común es que se den problemas de pérdida de memoria por ansiedad o estrés. Además, en estas situaciones tendemos a prestar menos atención y solemos tener problemas para concentrarnos o retener información.

El insomnio o tener dificultad para dormir bien durante un largo periodo de tiempo también puede repercutir. Y es que sueño es esencial para la memoria. Mientras dormimos, el cerebro aprovecha para repararse y para procesar la información del día, las emociones, así como para fijar los recuerdos y desechar aquello que no le interesa. “Incluso se puede llegar a eliminar una de las sustancias que están implicadas en el alzhéimer, la proteína amiloide”, indica la doctora Sagrario Manzano, Coordinadora del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Algunas enfermedades psiquiátricas, como la depresión, el trastorno bipolar, la esquizofrenia, así como ciertos psicofármacos o los medicamentos derivados de la morfina para combatir el dolor pueden hacer que tengamos problemas para recuperar los recuerdos. El exceso de alcohol, fumar o incluso sufrir obesidad, por su parte, también la perjudican.

Por último, además del deterioro cognitivo o la demencia, como el alzhéimer, hay otras enfermedades que pueden afectarla. Por ejemplo, algunos procesos infecciosos como la meningitis, problemas de corazón, esclerosis múltiple, tumores cerebrales, entre otras. Sufrir un golpe muy fuerte o experimentar una situación traumática también se pueden manifestar con pérdida de memoria.

¿Cómo saber si es algo grave?
Son muchas las situaciones cotidianas en las que se producen olvidos que, por lo general, no son significativos. Por ejemplo, tener algo en la punta de la lengua es algo que nos ocurre a todos. Sin embargo, si se repite con frecuencia, es recomendable consultarlo con el médico. También es habitual que no se recuerde en qué momento se dejó de leer un libro. La fatiga o la concentración del momento influyen en la retención de la historia. “De nuevo, el recuerdo depende de la atención y ésta del interés en una tarea sostenida. Ante la duda, hay que consultarlo con un especialista”, señala la especialista.

Tampoco es preocupante olvidar dónde se han puesto las llaves o el lugar donde se ha aparcado el coche. Lo más probable es que se estén realizando varias tareas al mismo tiempo y esto cause déficit de atención. Por otro lado, no recordar los nombres de las personas de forma puntual no suele ser un síntoma de pérdida de memoria grave, sino algo más bien asociado a la edad. Ahora bien, “si se olvida el de nuestra pareja, hijos, familiares y amigos más cercanos de forma repetitiva, sí hay que acudir al médico”, advierte la especialista de la SEN. Asimismo, no recordar asistir a eventos o citas importantes, perder objetos frecuentemente o mostrar confusión o desorientación en lugares conocidos son señales de alarma.

Así puedes entrenarla
Para frenar o retrasar el deterioro y proteger la memoria, es importante ejercitarla desde jóvenes. Y es que es como un músculo y, como tal, debe entrenarse para que no se atrofie. No es necesario realizar crucigramas o sudokus si no gustan. Se ha demostrado que la vida activa y curiosa también contribuye a entrenarla. Por ejemplo, salir al campo, de viaje, ir al cine, exposiciones, leer, cultivar la vida social e interesarse por los demás.

Además, estos trucos pueden ayudarte a retener mejor los recuerdos y evitar los olvidos:

Haz ejercicio. La actividad física oxigena todo el cuerpo y, por supuesto, el cerebro. Pero además, hacer deporte de manera regular actúa sobre un área que controla la memoria y ayuda a potenciarla, señala un estudio de la Universidad de Münster (Alemania).

Cierra los ojos. Si no consigues recordar dónde has puesto las llaves, prueba a cerrar los ojos. Un estudio de la Universidad de Surrey (Reino Unido) vio que los testigos de un crimen aportaban más detalles si matenían los ojos cerrados.

Repite en voz alta. Cuando quieras recordar algo, repítelo en voz alta. Científicos de la Universidad de Montreal (Canadá) aseguran que ayuda a afianzar el recuerdo.

Cuida la dieta. Tus hábitos alimenticios son esenciales para proteger la memoria. En este sentido, la dieta mediterránea parece frenar el deterioro cognitivo asociado a la edad y la demencia, según varios estudios.

Toma chocolate. Contiene una sustancia, la epicatequina, un flavonoide con propiedades antioxidantes, que mejora la salud general y, también, la memoria, según un estudio publicado en la revista médica Nature Neuroscience.

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Las siete diferencias entre el Alzheimer y la demencia

Las siete diferencias entre el Alzheimer y la Demencia

Tanto la demencia como el Alzheimer se encuentran dentro de las denominadas dolencias neurológicas, siendo ambas irreversibles y degenerativas, lo que implica que las funciones orgánicas dañadas o perdidas del paciente no puedan regenerarse. Pero no son lo mismo, entre sus diferencias destaca que, en el caso del Alzheimer, degenera hasta provocar la muerte de la persona en la mayoría de los casos, mientras que la demencia no es causa directa de fallecimiento. Pero no es la única distinción, existen más. En concreto, destacamos siete.

El Alzheimer es una de las enfermedades que más preocupan a la sociedad y los científicos. Tanto es así, que en lo últimos años se investigan nuevas técnicas para predecir el Alzheimer, una enfermedad que padecen unas 700.000 personas en España y la Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que en 2050 se tripliquen los casos, por lo que el objetivo prioritario es encontrar una cura.

En cuanto a la demencia, es un síndrome que implica el deterioro de la memoria, el intelecto, el comportamiento y la capacidad para realizar actividades de la vida diaria. Aunque afecta principalmente a las personas mayores, la demencia no es consecuencia del envejecimiento. En el mundo hay unos 47 millones de personas que padecen demencia, y cada año se registran 9,9 millones de nuevos casos.

La demencia es una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre las personas mayores en el mundo entero. Tiene un impacto físico, psicológico, social y económico en los cuidadores, las familias y la sociedad.

Aunque sean dolencias diferentes, ambas están relacionadas: el Alzheimer es la causa de demencia más común, acapara entre un 60% y un 70% de los casos.

El último Informe Mundial sobre el Alzheimer destaca que en el mundo hay unos 900 millones de personas con 60 años o más y prevé que entre 2015 y 20150 esta cifra aumente a un ritmo considerable.

ALZHEIMER

– Enfermedad neurodegenerativa.
– Es la causa más frecuente de demencia, según un estudio, el Alzheimer representa aproximadamente el 75% de las demencias.
– Puede ser la causa directa de muerte de una persona. Los pacientes suelen vivir 10 años más.
– En cuanto a los síntomas, el Alzheimer hace que se pierda la capacidad para resolver problemas o tomar decisiones. También provoca agresividad, paranoias o alucinaciones, además de una pérdida en la salud física y en las habilidades motoras.
– La edad, ser mujer y la cuestión hereditaria son los principales factores de riesgo.
– Puede aparecer en edades tempranas.
– No tiene cura.

DEMENCIA

– No es una enfermedad, es un síndrome por un deterioro de las capacidades mentales de la persona.
– Puede ser la consecuencia de otras enfermedades.
– No es causa directa de fallecimiento, por lo que el paciente puede vivir muchos años.
– En los síntomas, la demencia hace que se pierda la memoria a corto plazo y la capacidad de sociabilizar o mantener una conversación, pero la capacidad física se mantiene.
– La edad es uno de los principales factores de padecer este síndrome.
– Aparece en pacientes ancianos que pierden sus facultades mentales progresivamente.
– Podría tratarse al paciente.

Fuente: compromiso.atresmedia

Comportamientos en personas con Alzheimer

Comportamientos en personas con Alzheimer

El Alzheimer causa cambios cerebrales que pueden cambiar la forma en que una persona actúa.

Algunos individuos con Alzheimer se ponen ansiosos o agresivos. Otros repiten ciertas preguntas o gestos. Muchos pueden malinterpretar lo que ven y lo que oyen.

Es importante entender que la persona no está actuando de esta forma al propio ni lo está tratando de molestar a usted.

Los comportamientos difíciles pueden interferir con la vida diaria, el dormir y pueden llevar a la frustración y a la tensión.

El secreto de enfrentar los comportamientos difíciles es:

1) determinar cuáles son las causas

2) tener paciencia, responder con calma y apoyar a la persona, y

3) encontrar formas para prevenir que los comportamientos sucedan.

Agresión – El comportamiento agresivo puede ser verbal (gritos, ofensas) o físico (pegar, empujar). Puede ocurrir de pronto, sin ninguna razón aparente, o pueden resultar a causa de una situación frustrante. Cualquiera que sea el caso, es importante tratar de entender qué puede estar causando que la persona esté enojada o disgustada. Las causas del comportamiento agresivo pueden ser cosas como problemas médicos, un ambiente bullicioso, o dolor.

Deambular – Es común que las personas con Demencia deambulen o se pierdan. Generalmente, al deambular, ellos tienen un propósito en mente o una meta como encontrar algún objeto perdido, tratar de cumplir con una tarea de un trabajo que tuvieron anteriormente o “querer ir a casa” aunque estén en casa. Aún así, deambular puede ser peligroso y puede terminar en alguna lesión e inclusive muerte. Ayude a su ser amado a mantenerse seguro inscribiéndolo en el programa de MedicAlert + Alzheimer’s Association Safe Return®. Este es un programa de identificación a nivel nacional diseñado para asistir a que las personas que deambulan y se pierden retornen.

Ansiedad y agitación – Puede que la persona se sienta ansiosa y agitada, o esté inquieta y tenga que moverse y caminar. La persona puede sentirse incómoda o enojada en ciertos lugares o se enfoque en ciertos detalles. Puede que ella se le pegue a un cuidador específico para que le dé atención y la guíe.

Confusión –Puede que la persona no reconozca gente, lugares o cosas con la que está familiarizada. Puede que la persona olvide las relaciones que tiene con otros, llame a las personas por otro nombre o esté confundido de dónde es su casa. A la persona también se le puede olvidar para qué sirven ciertos artículos comunes como una pluma o un tenedor.

Alucinaciones – Cuando las personas con Alzheimer tienen alucinaciones, ellos ven, oyen, huelen, prueban y sienten algo que no está ahí. La persona puede ver la cara de un viejo amigo en la cortina o puede oír a gente hablando. Si la alucinación no causa problemas, usted debe ignorarla. De lo contrario, si esto sucede continuamente, visite a su doctor para determinar si hay alguna otra causa física.

Repetición – La persona con Alzheimer puede repetir lo mismo frecuentemente – como repetir la misma palabra, una pregunta o la misma actividad. En la mayoría de los casos, la persona está buscando calmarse, sentirse seguro, y está buscando la familiaridad. La persona a veces se pasea de un lado a otro o deshace algo que ya estaba terminado. Estas acciones raramente son perjudiciales para la persona con Alzheimer pero pueden ser muy estresantes para el cuidador.

Síndrome vespertino y problemas con el sueño – La persona puede experimentar periodos de mayor confusión, ansiedad y agitación al caer la tarde y puede continuar a través de la noche. Esto se llama “Sundowning” o Síndrome Vespertino también conocido como “Agitación Vesperal”. Los expertos no saben qué lo causa pero hay ciertos factores que contribuyen a este comportamiento como cansancio al final del día o una necesidad de dormir menos de lo que es común en adultos mayores.

Sospecha – La pérdida de memoria y la confusión puede causar que una persona que tiene Alzheimer perciba las cosas de una manera nueva o inusual. Los individuos puede que se vuelvan sospechosos de la gente a su alrededor, y hasta acusar a otros de robarles, de serles infiel e inclusive de comportarse en forma inapropiada. Algunas veces la persona hasta puede malinterpretar lo que ellos ven y oyen.

Fuente: Alz.org

¿Y si ellos no existieran?

¿Y si ellos no existieran?

Vivimos en sociedad rodeados de otros, necesitamos a los demás para desarrollarnos y esas personas harán que tengamos gran diversidad de experiencias.

Todos somos personas, pero la edad es un factor que hace que varíen nuestras sensaciones dependiendo de si interactuamos con un bebe, un niño, adolescente, adulto o persona mayor.

Los bebés transmiten inocencia, ternura, protección. Los adolescentes inexperiencia, inmadurez y vitalidad.

Los adultos, al haber tanta variabilidad en edad y persona pueden transmitir infinidad de sentimientos, dependiendo del tipo de interacción que se dé con ellos.

Las personas mayores tienen una característica especial. Gracias al estigma en el cual se ve a la persona mayor como una población que tiende al analfabetismo, con ideas rígidas, descarados en ocasiones y con ciertas obsesiones con temas de alimentación, genera que haya gente con ideas o conductas de rechazo hacia el mayor. Pero también hay otras personas que experimentan una gran ternura y empatía hacia esta población.

¿Qué ocurriría si las personas mayores no existieran? ¿Qué es aquello que aportan para que les haga una población necesaria?

Lo primero que se debe tener en cuenta es que todos llegaremos a ser mayores, pero las personas jóvenes tienen grandes dificultades para imaginarse en esa situación.

Rechazan la idea de serlo porque entienden que será una etapa llena de trabas, enfermedad y baja calidad de vida. Si accedemos a la idea de que las personas mayores no existan estamos aceptando que nuestras vidas se acorten, y eso es algo a lo que nadie está dispuesto. Es posible que en la actualidad se tenga una manera de pensar muy centrada en el lema “carpe diem”, disfrutando el momento, y sin pensar en el mañana.

Este lema, en este contexto, dificulta la promoción del envejecimiento activo. Todo ello nos aleja mucho del concepto que tenemos nosotros mismos como personas en proceso de envejecimiento.

Por otro lado es bien sabido que, cuanta mayor variabilidad se da en cualquier aspecto y ámbito de la vida, mayor riqueza se adquiere de ello. Si como todo tipo de alimentos, mi alimentación será más rica y variada y mi salud se verá fortalecida; si estudio o me formo sobre varias materias mi inteligencia y conocimiento se verá ampliado; si realizo ejercicios físicos que hagan trabajar a todas las partes de mi cuerpo, mi movilidad general será más ágil.

Por lo tanto, cuanta mayor disparidad haya entre las personas que me rodean, y cuantas más relaciones tenga con diferentes tipos de personas, mayores serán mis experiencias y como consecuencia mejores recursos personales adquiriré.

En la variedad está el gusto. Las personas mayores son tan esenciales en nuestra sociedad como cualquier otro grupo de edad. Sólo hay que pararse a pensar qué nos aportan a nivel personal, aprovecharlo y sacarnos el mayor partido.

Tomado de cvirtual

¿Y si ellos no existieran?

¿Y si ellos no existieran?

Vivimos en sociedad rodeados de otros, necesitamos a los demás para desarrollarnos y esas personas harán que tengamos gran diversidad de experiencias.

Todos somos personas, pero la edad es un factor que hace que varíen nuestras sensaciones dependiendo de si interactuamos con un bebe, un niño, adolescente, adulto o persona mayor.

Los bebés transmiten inocencia, ternura, protección. Los adolescentes inexperiencia, inmadurez y vitalidad.

Los adultos, al haber tanta variabilidad en edad y persona pueden transmitir infinidad de sentimientos, dependiendo del tipo de interacción que se dé con ellos.

Las personas mayores tienen una característica especial. Gracias al estigma en el cual se ve a la persona mayor como una población que tiende al analfabetismo, con ideas rígidas, descarados en ocasiones y con ciertas obsesiones con temas de alimentación, genera que haya gente con ideas o conductas de rechazo hacia el mayor. Pero también hay otras personas que experimentan una gran ternura y empatía hacia esta población.

¿Qué ocurriría si las personas mayores no existieran? ¿Qué es aquello que aportan para que les haga una población necesaria?

Lo primero que se debe tener en cuenta es que todos llegaremos a ser mayores, pero las personas jóvenes tienen grandes dificultades para imaginarse en esa situación.

Rechazan la idea de serlo porque entienden que será una etapa llena de trabas, enfermedad y baja calidad de vida. Si accedemos a la idea de que las personas mayores no existan estamos aceptando que nuestras vidas se acorten, y eso es algo a lo que nadie está dispuesto. Es posible que en la actualidad se tenga una manera de pensar muy centrada en el lema “carpe diem”, disfrutando el momento, y sin pensar en el mañana.

Este lema, en este contexto, dificulta la promoción del envejecimiento activo. Todo ello nos aleja mucho del concepto que tenemos nosotros mismos como personas en proceso de envejecimiento.

Por otro lado es bien sabido que, cuanta mayor variabilidad se da en cualquier aspecto y ámbito de la vida, mayor riqueza se adquiere de ello. Si como todo tipo de alimentos, mi alimentación será más rica y variada y mi salud se verá fortalecida; si estudio o me formo sobre varias materias mi inteligencia y conocimiento se verá ampliado; si realizo ejercicios físicos que hagan trabajar a todas las partes de mi cuerpo, mi movilidad general será más ágil.

Por lo tanto, cuanta mayor disparidad haya entre las personas que me rodean, y cuantas más relaciones tenga con diferentes tipos de personas, mayores serán mis experiencias y como consecuencia mejores recursos personales adquiriré.

En la variedad está el gusto. Las personas mayores son tan esenciales en nuestra sociedad como cualquier otro grupo de edad. Sólo hay que pararse a pensar qué nos aportan a nivel personal, aprovecharlo y sacarnos el mayor partido.

Tomado de cvirtual

Guía de comunicación para enfermos de Alzheimer u otras demencias

Guía de comunicación para enfermos de Alzheimer u otras demencias

La alteración de la comunicación es una de las manifestaciones más tempranas de la enfermedad de Alzheimer, después de los problemas relacionados con la memoria.

Se estima que alrededor del 40% de los pacientes en fase leve o moderada de la enfermedad presentan estas alteraciones, mientras que la prevalencia en las fases severas es del 100%

Pautas para facilitar la comunicación con enfermos de Alzheimer y otras demencias:

  1. Buscar temas de actualidad para mantener el contacto con la realidad.
  • Buscar temas de interés que lo motiven.
  • Dar tiempo a que intervengan y para que transmita lo que intenta decir.
  • Pedir su opinión sobre las actividades a realizar (ayuda a mantener el sentido de autonomía, independencia y control de la situación).
  • Ofrecer dos alternativas de respuesta (incluso sólo una)
  • Preguntar, incluso si sólo puede responder si/no (¿te gusta la camisa? ¿tienes hambre?)
  • Utilizar todos los sentidos para ayudar a recordar e iniciar una conversación
  • Mostrar fotos antiguas para recordar memorias remotas y situaciones placenteras.
  • Utilizar la música como medio de expresión de sentimientos y para evocar palabras
  • Potenciar lenguaje automático (poesías, canciones…)
  • Utilizar el juego para comunicarse e interaccionar con los demás
  • Intentar enseñarle visualmente lo que se le quiere decir.
  • Decir las cosas de manera sencilla

Poniendo el foco en la comunicación verbal:

  1. Hablar en forma suave y pausada transmite seguridad.
  • Se debe adecuar el lenguaje a las nuevas y constantes limitaciones que impone la enfermedad.
  • Los comentarios hechos con sentido del humor suelen ser más eficaces que el uso de imperativos.
  • A pesar de que la capacidad de entender y de seguir conversaciones disminuye, es importante incluir al enfermo en conversaciones en las que él pueda participar en alguna medida.
  • Ante preguntas o explicaciones sin sentido se debe evitar la discusión. Es mejor cambiar de tema o seguirle la corriente, pero sin añadir elementos que puedan confundirlo más.

La importancia de la comunicación no verbal y del lenguaje corporal:

  1. Hacer que la comunicación verbal y la no verbal coincidan.
  • La mirada y la expresión facial no deben mostrar preocupación
  • Toma mucha más relevancia la comunicación no verbal.
  • Se debe transmitir a la persona enferma sensación de seguridad.
  • Gesticular poco a poco.
  • No se le debe poner nerviosa ni verbal ni físicamente.
  • La persona afectada por esta enfermedad es extremadamente sensible al interpretar el estado
  • El humor de las personas que le rodean tiene un efecto directo sobre el estado de ánimo del enfermo.
  • Tocar con cariño al enfermo, acariciarlo, es una buena manera de transmitirle seguridad, si lo acostumbró antes.
  • Ponerse siempre delante del enfermo, presentarse y mirarle a los ojos.
  • Acercarse a la persona de frente y lentamente.
  • Tocarles antes de hablar, para que no se asusten
  • Transmitir sentimiento de bienestar y calor.
  • El contacto físico ha de ser amable y suave para mostrar amor y cuidado
  • No utilizar la fuerza, ni gritar
  • Mantener el contacto visual

Adecuando nuestra manera de hablar:

  • Hablar lenta y claramente
  • Utilizar lenguaje sencillo y frases cortas.
  • Usar palabras familiares.
  • Utilizar frases concretas y cortas.
  • Usar un vocabulario sencillo
  • La conversación debe ser simple, pero al nivel de adulto (no tratar como si fuese un niño)
  • No levantar el tono de voz
  • Ser positivos. Hablar en positivo
  • Acompañar el habla con gestos ligeramente exagerados y valiéndose de la expresión facial y otros signos de comunicación no verbal.
  • La comunicación verbal y no verbal debe ser coherente

Cómo facilitar la comprensión:

  • Saber escucharlos, observar las expresiones de la cara y los gestos.
  • Repetir la información utilizando otras palabras
  • No fingir que ha entendido el mensaje si no lo ha hecho, puede producir frustración para ambas partes.
  • Observar la respuesta del paciente al contacto físico (aceptación, más reacios…) y adecuar este contacto según la necesidad de cada persona.
  • Potenciar cualquier otro sistema de comunicación (visual, propioceptivo, con sonidos no verbales…)
  • Asegurarnos que nos ha entendido
  • Hacer referencias continuas sobre la persona o el tema del que se está hablando
  • Tratar de orientarles utilizando nombres de los familiares y tipo de parentesco
  • Hablar de temas o sucesos que puedan recordar, o de cosas simples o cotidianas
  • No saltar de un tema a otro de la conversación
  • Poner atención al tono emocional con que habla.
  • Mantener la calma y ser pacientes

Simplificar las actividades:

  • Dar instrucciones paso a paso.
  • Utilizar instrucciones simples y sencillas: “Vamos a preparar la ensalada”, “Coge un tomate”, “Ahora, coge una zanahoria”…
  • Facilitar que participe de la conversación.
  • Hacer las preguntas de una en una.
  • En situaciones sociales, evitar las conversaciones rápidas en las que varias personas hablan a la vez, o se cambia rápidamente de tema.

Cómo actuar ante preguntas repetitivas:

  • Manteniendo la calma.
  • Con respuestas sencillas.
  • Pidiendo participación del paciente (mira el reloj de la pared…).
  • Utilizando mecanismos de distracción: distraiga a la persona enferma con algo distinto para ver, oír o hacer.
  • Escriba la respuesta a las preguntas más frecuentes. Abrácela y demuéstrele cariño, si es apropiado para la persona.

Por último, pero no menos importante: las actitudes

  • Una escucha activa puede ayudarle a responder de forma positiva.
  • Evitar dar informaciones erróneas o hacer falsas promesas.
  • Ayudar y estimularles a ejercitar las tareas que puedan desempeñar.
  • Respetar las cosas que son importantes para el paciente (higiene personal, no hablar de ellos ante otras personas, respetar sus costumbres, creencias…).
  • Expresar los sentimientos con palabras afectuosas y caricias. Estimularlos y ayudarlos a demostrar su afecto.
  • Tener mucha paciencia. Dejarles tiempo suficiente para actuar y/o rectificar.
  • Ser comprensivos y tolerantes.
  • No reñirlos, no avergonzarlos, no hacer comentarios negativos.
  • Participar con ellos en las actividades, supervisarlos y estimularlos.
  • Durante la realización de AVD, descomponer las actividades complejas en varias sencillas, siguiendo siempre los mismos pasos, en el mismo orden y acompañarlo con instrucciones claras y sencillas.
  • Si no responde a instrucciones: imitación.
  • Evitar discusiones sobre ideas falsas o equivocadas.
  • Ser flexibles, adaptarnos a: las necesidades y el ritmo del paciente, los cambios de comportamiento y al estado actual del paciente (modificar nuestro forma de comunicarnos en función de la evolución).
  • Escuche y aprenda a reconocer los sentimientos y emociones, más que las palabras.

Fuente: Dependentia

CONSEJOS PARA SUPERAR LA ETAPA DE DUELO

CONSEJOS PARA SUPERAR LA ETAPA DE DUELO

El duelo es una experiencia global, que afecta a las persona en seis ámbitos: psicológico, emotivo, mental, social, físico y espiritual.

Es un proceso durante el cual se atraviesan diferentes etapas, un trabajo que debe realizar el doliente.

El duelo, elaborado de manera natural, necesita siempre de ayudas externas (sociales, personales, profesionales….) para ser soportado.

La muerte de un ser querido es una pérdida de mayor rango que cualquier otra y se diferencia de los demás por dos características:

1.- La intensidad de los sentimientos.

2.- La irreversibilidad y lo definitivo de la muerte.

DECÁLOGO DE AYUDA PARA SUPERAR EL DUELO EN EL INTERIOR DE UNO MISMO

1. Reconocer la pérdida dejando sentir el dolor en el interior de uno mismo.

2. Ofrecer al doliente un espacio para la expresión de emociones y del dolor de una manera íntima y personal

3. Ayudar a identificar los sentimientos.

4. Respetar el ritmo de cada persona

5. No automedicarse

6. No tomar decisiones muy importantes durante el periodo de duelo.

7. Dejarse apoyar por los demás.

8. Tiempo para poder estar a solas.

9. Aceptarse a uno mismo, planificar la vida.

10. Solucionar simbólicamente la despedida con el difunto.

1.- Reconocer la pérdida dejando sentir el dolor en el interior de uno mismo. La persona en el duelo tiene que sentir el desgarro del dolor en su interior. Compartir el dolor suele venir muy bien porque supone el apoyo necesario para la superación del mismo. Cada persona se enfrenta a un duelo único, intransferible y personal, y como tal tiene que sentirlo.

2.- Ofrecer al doliente un espacio para la expresión de emociones y del dolor de una manera íntima y personal. Cuando se quiere ayudar a una persona en el duelo, el lugar reunir las condiciones de intimidad para permitir el flujo de comunicación.

3.- Ayudar a identificar los sentimientos. Es importante que la persona aprenda a identificar los sentimientos y miedos, que aprenda a percibir la nueva realidad como un aspecto más de su vida al cual debe habituarse y tener información para hacer frente al duelo.

4.- Respetar el ritmo de cada persona. El duelo es un camino único y cada persona lleva su ritmo al andarlo. Lo importante en el duelo es ir avanzando, aunque sea lentamente, pero se debe producir y percibir avance.

5. No automedicarse. Si se toma algún fármaco para el estado de ánimo, tendrá que ser siempre bajo supervisión médica.

6.- No tomar decisiones muy importantes durante el periodo de duelo. Cuando una persona se encuentra en duelo, la parte racional de la toma de decisiones está prácticamente inutilizada, en ese momento el ser humano es emocional pero una buena decisión tiene que ser racional y emotiva.

7.- Dejarse apoyar por los demás. Hay que dar una oportunidad a los seres queridos para que puedan apoyarnos durante el duelo. Hay que decirles qué es lo que necesitamos, explicarles cómo pueden ayudar porque lo más seguro es que tengan buena voluntad, pero no sepan cómo hacerlo.

8.- Tiempo para poder estar a solas. Es fundamental saber recibir ayuda y no encerrarse en los propios sentimientos durante el periodo de duelo, resulta también crucial poder tener tiempo para reflexionar, ver fotos o recuerdos, reorganizar la vida. Y esto sólo se hace en soledad.

9.- Aceptarse a uno mismo, planificar la vida. Después de los asuntos pendientes, toca rehacer la vida, volver a retomar aquellas actividades que, como consecuencia del cuidado del enfermo, se dejaron de realizar. Volver a disfrutar sin culpa para salir del duelo.

10.- Solucionar simbólicamente la despedida con el difunto. Cuando alguien no puede despedirse del ser querido, como sucede en los enfermos de Alzheimer, porque previamente ha ocurrido un deterioro cognitivo, se hace posible ventilar los sentimientos sobre cosas que se hicieron o se callaron.

Estos consejos van dirigidos a todas los familiares y/o cuidadores que se encuentran en la etapa de duelo porque han tenido la pérdida de un ser querido.