16 Cosas que nadie te dice sobre perder a un ser querido y que deberías saber

1. Jamás superas la pérdida. Aprendes a vivir con el dolor, pero recordando siempre los buenos momentos.

2. A veces no te agradarán los comentarios que te hagan, pero solo tratan de ayudarte. Nadie quiere hacerte daño.

3. Puede que tus seres queridos se unan, como jamás lo habían hecho antes.

4. No necesitarás que te digan que quienes se marchan se quedan en tu corazón. Lo sentirás así siempre.

5. Jamás sabrás qué habría pasado si todo hubiese sido diferente, pero a veces es mejor que las cosas pasen tal como sucedieron.

6. Nadie te culpa, ni nadie lo hará.

7. Es normal que sientas ira o quieras estar a solas por algunos momentos, tienes todo el derecho a hacerlo.

8. Quédate con los momentos que viviste junto a esa persona y deja de enfocarte en los “si hubiese tenido más tiempo”.

9. La muerte saca a la luz lo mejor de las personas, o lo peor, y hay que estar preparado para. ambos.

10. Te encontrarás con distintas profundidades de amor que jamás habías conocido.

11. Quizá tus prioridades se reordenen y tus expectativas en la vida cambien.

12. A veces tendrás incluso más fuerza que antes para lograr tus sueños, pues tienes un motivo de inspiración.

13. No volverás a ser la misma persona de antes, y eso es normal

14. Aprenderás a vivir desde el corazón y a aprovechar mejor tu tiempo con los que más quieres.

15. Aquello que se siente como el final de todo, en realidad es un nuevo comienzo.

16. Jamás olvides que el amor siempre se mantiene intacto, incluso después de la muerte.

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¡Respetar la fe!

Seamos ateos o no, debemos respetar el hecho de que los demás hayan escogido como sustento de su vida determinada condición espiritual o algún tipo de credo. Cada creencia, así nos parezca absurda, merece un mínimo grado de tolerancia.

Tener una creencia en particular, más allá del fanatismo, es potestad de quien la profesa. Y en esa forma de pensar no hay que involucrar a terceros, sobre todo cuando esos ‘otros’ no desean participar de dicha filosofía.

Independientemente de nuestras posiciones personales, debemos respetar todas las posturas sobre el camino espiritual que hayan elegido los demás.

Eso no me lo estoy inventando hoy. De hecho, esa es la esencia de dos hermosas palabras de nuestro lenguaje: Respeto y Tolerancia.

Además, quienes redactaron los derechos humanos, en esas líneas dejaron claro que cada quien tiene libertad de pensamiento y de conciencia.

Eso también incluye la decisión de seguir una doctrina, así como el ser libre de manifestar su religión individual y colectivamente, tanto en público como en privado.

¡Nadie es más que otro!

Si bien estamos en mora de trabajar juntos para fomentar el respeto por las diferencias, yo no puedo pretender burlarme de alguien porque profese determinada práctica religiosa.

Ese concepto está claro, pero aún así es preciso ir con mucha cautela. Lo digo porque los extremos, como todos los excesos, se la pasan recurriendo a ‘proselitismos’ desfasados para imponer o arrebatar conceptos sobre la fe de la gente.

Respetemos a los que sean diferentes a nosotros. Que se crea o no en Dios no puede ser una pretensión para reducir a alguien al silencio, ni mucho menos para marginarlo. Tampoco es una excusa para sacarles dinero a los incautos o para ‘bombardearlos’ con nuestras formas de pensar.

La fe no se impone, ella se siente. Nadie puede de un modo arbitrario criticar las convicciones de los demás creyentes, ni tampoco ignorar la riqueza de las tradiciones religiosas.

Si no se es respetuoso de lo que la gente piensa sobre su Dios, se fomenta el resentimiento religioso.

Tal vez por eso durante los últimos años hemos visto episodios o desenlaces fanáticos y trágicos en el mundo, en donde se mata en nombre de la fe.

Yo no me preocupo porque existan muchas religiones. Eso es normal, entre otras cosas, porque hay distintas culturas. Tal vez la clave sería encontrar entre todas ellas una estrategia que coincida en el objetivo principal de cualquier individuo, que es el de ser buena persona y, por ende, estar dispuesto a ayudar a los demás.

Usted puede tener su propia comprensión de Dios, sin que por ello tenga que imponérselas a los demás. Tampoco se puede enojar porque los demás no avalen su tesis.

Aunque algunas opiniones puedan ser muy similares o contrapuestas, el hecho de querer plantear una relación con Dios es una búsqueda muy personal; es decir, cada quien la debe hacer por su propia cuenta.

CUANDO YO ME VAYA

Cuando yo me vaya, no quiero que llores, quédate en silencio, sin decir palabras, y vive recuerdos, reconforta el alma.

Cuando yo me duerma, respeta mi sueño, por algo me duermo; por algo me he ido.

Si sientes mi ausencia, no pronuncies nada, y casi en el aire, con paso muy fino, búscame en mi casa, búscame en mis libros, búscame en mis cartas, y entre los papeles que he escrito apurado.

Ponte mis camisas, mi sweater, mi saco y puedes usar todos mis zapatos. Te presto mi cuarto, mi almohada, mi cama, y cuando haga frío, ponte mis bufandas.

Te puedes comer todo el chocolate y beberte el vino que dejé guardado. Escucha ese tema que a mí me gustaba, usa mi perfume y riega mis plantas.

Si tapan mi cuerpo, no me tengas lástima, corre hacia el espacio, libera tu alma, palpa la poesía, la música, el canto y deja que el viento juegue con tu cara.

Besa bien la tierra, toma toda el agua y aprende el idioma vivo de los pájaros.

Si me extrañas mucho, disimula el acto, búscame en los niños, el café, la radio y en el sitio ése donde me ocultaba.

No pronuncies nunca la palabra muerte. A veces es más triste vivir olvidado que morir mil veces y ser recordado.

Cuando yo me duerma, no me lleves flores a una tumba amarga, grita con la fuerza de toda tu entraña que el mundo está vivo y sigue su marcha.

La llama encendida no se va a apagar por el simple hecho de que no esté más.

Los hombres que “viven” no se mueren nunca, se duermen de a ratos, de a ratos pequeños, y el sueño infinito es sólo una excusa.

Cuando yo me vaya, extiende tu mano, y estarás conmigo sellada en contacto, y aunque no me veas, y aunque no me palpes, sabrás que por siempre estaré a tu lado.

Entonces, un día, sonriente y vibrante, sabrás que volví para no marcharme….

(Tomado de internet)

Al Ladrón de Recuerdos.

Oye tú, pillo intranquilo Escúchame bien, ladrón. Sí quieres llevarte algo Permíteme por favor Decirte desde mi alma Esta breve petición.

Lleva con gusto si quieres Aquel primer desamor Róbate cada segundo De rabia y de frustración.

Despójame de las dudas Hurta en silencio el dolor De aque\nllas tristes ausencias Que me dejó aquel adiós.

Escucha bien ladronzuelo Ponle atención a mi voz Sí quieres, llévate el miedo Que alguna vez me invadió.

Roba si gustas con toda calma La envidia en mi corazón Termínate de llevar Cualquier rastro de rencor Pero mis recuerdos nobles Esos no te los lleves, No. Que con ellos la alegría Me da la respiración.

Llévate en paz mi soberbia Pero deja conmigo a Dios… Secuéstrame las tristezas Pero déjame el amor.

(OAHL @Cunavichero)

Poema escrito por Orlando Augusto Hurtado

La imágen es del Prof. Jesús “Chuna” Paiva E. quien fué atacado por este ladrón, a quien va dedicado el blog “Ladrón de los Recuerdos” de la profesora Elsa de Paiva.

Luchando contra el Alzheimer: no pienses en el mañana y regala felicidad hoy

Luchando contra el Alzheimer: no pienses en el mañana y regala felicidad hoy

1. No luches contra el olvido, sino por su bienestar

El día a día con las personas enfermas es duro, ya no sólo por lo que pueda ocurrir diariamente sino por que somos conscientes de lo que pasa. Somos conscientes de que algún día, nuestro rostro se borrara de su memoria. Saber que esto acabará ocurriendo puede atormentar a cualquiera ya que nos gustaría que las personas a las que más queremos nunca se olviden de nosotros y nos gustaría formar parte de su vida y de sus pensamientos hasta el final.
Acepta que no se puede luchar contra esto. El reto es su bienestar.

2. Regala afecto y dibuja sonrisas

Desgraciadamente la pérdida de memoria va a ocurrir; aun no hay forma de pararlo. Pero como todo en la vida debemos afrontarlo, así que: ¿no será mejor que intentemos disfrutar con ellos el tiempo que aun se pueda? Dibujar una sonrisa en las personas que mas queremos es un regalo que no se puede comprar con dinero y quizás, sea mas sencillo de lo que pensamos.

Y qué mejor manera de hacer este regalo que haciéndoles un poco de compañía, olvidar los problemas que tengan y simplemente regalar afecto. Hay varias cosas que podemos hacer, que aunque para nosotros sean significantes, en lo más profundo de la persona enferma será un muy preciado regalo.

3. Hacerles copartícipes de las actividades diarias

La mayoría de las personas hacemos actividades diarias que, con un poco de esfuerzo, se pueden convertir en un modo de hacer felices a nuestros mayores.

Por ejemplo leer una novela la podemos leer en compañía de nuestros familiares e incluso haciéndoles participes leyéndola en alto, es posible que el enfermo sea incapaz de seguir la historia, pero piénsalo, esta disfrutando de tu compañía y escuchando tu voz, eso es algo que sin duda le gustará.

4. Recrear el espacio de su memoria feliz todavía vigente

Sentarse con un álbum de fotos recordando los tiempos que, seguramente, la persona recuerde mejor que el día de hoy.

Preguntarles qué hacían de pequeños, aun que hayamos escuchado la historia mil y una veces lo importante es que muestres interés y disfrutes al ver que aun es capaz de recordar cosas. Piensa que poco a poco dejará de hacerlo. No te hace daño escuchar esa historia una vez más, haciendo participe a tu familiar y dejando que se sienta querido y no insignificante.

5. Deja que se expresen sus emociones e instintos nobles

En mi caso mi abuela era una muy buena cocinera, así que porqué no dejar que ella me dé unas “lecciones” de cocina, ella siente que es participe de lo que hago y cree que me está enseñando a cocinar, se siente útil, se siente madre, y sin duda se siente feliz creyendo que esta cuidando a su familia. Este instinto de cuidar a la familia esta arraigado en lo más profundo de cualquier persona así que es mejor permitir que salga y dejar que ella piense que sí, que sigue siendo imprescindible en algunas tareas de casa.

6. Hacer que se sientan importantes

El entretenimiento de mi abuela por ejemplo, es la jardinería, le encanta que le digan que las flores las tiene preciosas, y que le pregunte como hace esto o aquello, para ella el regalo mas valioso que le puedes hacer es algo para su jardín, una flor, una maceta, o un lazo para que el jardín esté más bonito.

Si lo piensas un gesto tan pequeño como una pregunta o un cumplido dibuja una sonrisa el la cara de mucha gente, ¿por qué no va a ser así en nuestros mayores?

7. Trabajar y estar cerca de ellos

Por ultimo, hay cosas que hacemos solos, pero que no supondría ningún cambio hacerlo un poco cerca de ellos, ver un película a su lado para ellos se puede convertir en el mejor momento del día. Con el ordenador por ejemplo, siempre puedes utilizar cinco minutos para enseñarle fotos, videos, canciones de algo que sabes que le gustara, flores, animales, canciones de su infancia…

8. No pienses en el mañana y regala hoy toda la felicidad que puedas

Sabemos que esta enfermedad no cambiará, y es posible pensar que las cosas que hagamos para que estén felices serán borradas de su memoria al día siguiente, pero no pienses en el día de mañana, piensa que aquí, hoy y ahora esa sonrisa es tanto un regalo para ti como para ellos, aunque seguramente sea un regalo que te estés haciendo tú mismo, sabiendo que sin duda alguna, estas regalando felicidad.

Fuente: Euroresidentes

El duelo

El Duelo

Se puede definir el duelo como el conjunto de emociones, representaciones mentales y conductas que aparecen ante la pérdida de un ser querido; es por tanto, una reacción psicológica natural, una respuesta normal y de adaptación del ser humano ante el fallecimiento de un ser querido.

El proceso de elaboración del duelo generalmente comienza con la pérdida y termina con la aceptación de la nueva realidad o situación, y suele pasar por las siguientes fases:

1ª) de impacto o estado de “shock”, que se caracteriza por: aturdimiento, sentimiento de perplejidad y aparente dificultad para captar el alcance de lo ocurrido, nudo en la garganta, vacío en el estómago, sentido de irrealidad, negación, desconfianza, llanto y suspiros e intensa desesperación. También suele aparecer sensación de debilidad, pérdida de apetito, dificultad para respirar, para hablar. Esta fase puede durar desde horas hasta varios días, y puede volver a aparecer a lo largo del proceso de duelo.

2ª) de preocupación, se caracteriza por: rabia, tristeza, insomnio, debilidad, agotamiento, culpabilidad, intensa añoranza e incluso búsqueda de la persona fallecida, sueños y pensamientos sobre el difunto, alteración importante de los hábitos de alimentación, apatía, pérdida de interés por lo que sucede en su entorno e introversión. La realidad de la pérdida comienza ya a establecerse y la sensación de que los recuerdos son sólo eso, produce desasosiego.Esta fase puede durar varios meses e incluso años aunque entonces de una forma más atenuada.

3ª) de resolución; en esta fase comienzan a remitir lo aspectos más dolorosos, la persona en duelo puede empezar ya a recordar aspectos del pasado con una mezcla de tristeza y alegría por los buenos momentos vividos; tiene la sensación de “reincorporarse a la vida”, recupera el interés por otras actividades y su vida ya empieza a tener una nueva rutina laboral y personal. Se internaliza la imagen de la persona fallecida.

A lo largo del proceso de duelo, tiene lugar distintas formas de negación y con frecuencia la persona que experimenta el duelo se comporta o reacciona como si la muerte no se hubiera producido.
Es frecuente la sensación de presencia del fallecido (a veces se tiene la sensación de que ha pedido algo, ha llamado o se ha movido), pero enseguida se percibe que no es real.

Generalmente, todas las personas pasan por las distintas fases del duelo, aunque cada persona lo manifestará de manera muy distinta.

La intensidad y duración del proceso de duelo, sobre todo en la fase inicial, dependerá de las circunstancias más o menos esperadas o inesperadas que provocan el fallecimiento; si éste se produce sin aviso, el “estado de shock” y la incredulidad pueden durar mucho tiempo; si es algo que ya se esperaba desde hacía tiempo (duelo anticipatorio), gran parte del proceso de duelo ya se ha realizado cuando se produce el fallecimiento.

El proceso de duelo normal puede oscilar entre seis meses y un año, pero algunos signos y síntomas pueden persistir mucho más y es posible que algunos sentimientos, conductas y síntomas relacionados con el duelo persistan durante toda la vida.

Por lo general, los síntomas agudos del duelo se van suavizando a partir del primer mes posterior a la pérdida, a partir del cual, y de manera progresiva, la persona vuelve a ser capaz de dormir, comer y realizar sus actividades cotidianas. Esto siempre estará condicionado, como se comentaba anteriormente, por las circunstancias que rodeen al fallecimiento.

El hablar de la persona fallecida sin dolor es un indicador de que el duelo ha terminado.

Duelo anticipatorio
Es el que se expresa por adelantado cuando una pérdida (fallecimiento) se percibe como inevitable y termina cuando se produce la pérdida, con independencia de las reacciones que puedan surgir después.

A diferencia del duelo normal, cuya intensidad disminuye con el paso del tiempo, el duelo anticipatorio puede aumentar o disminuir en su intensidad cuando el fallecimiento parece inminente.
En algunos casos, sobre todo cuando ese momento que se creía inminente se demora, el duelo anticipatorio llega a extinguirse y la persona puede expresar pocas manifestaciones agudas de duelo cuando el fallecimiento se produce.

Duelo patológico
Sucede cuando hay ausencia de duelo o retraso en su aparición, o cuando hay un duelo excesivamente intenso y duradero.
Las personas que tienen un mayor riesgo de sufrir un duelo patológico son aquellas que experimentan una pérdida repentina o en circunstancias catastróficas, los que están aislados socialmente, los que se sienten responsables de la muerte y aquellas que mantenían una relación de intensa ambivalencia o dependencia del fallecido.

Duelo Crónico: es aquel en el que hay una duración excesiva o incluso permanente del duelo y no se llega nunca a cerrar el proceso. Se suele dar en personas con una relación de fuerte dependencia con la persona fallecida.

La persona es absorbida por los recuerdos y es incapaz de reinsertarse en la actividad social y laboral normal.

Se produce, en ocasiones, un “aferramiento” a los objetos del difunto, un afán por dejar todo tal cual estaba, en una persistencia, no consciente, de la idea de que el fallecido puede volver.

Duelo Ausente: se produce cuando hay una prolongación de la fase de embotamiento afectivo inicial del duelo. La persona mantiene una vida aparentemente normal e incluso es socialmente admirado por su “entereza y fortaleza”.
No hay reacciones emocionales visibles como el llanto o la tristeza, y mantiene conductas de evitación hacia el recuerdo de la persona fallecida, evitando hablar de lo sucedido o eliminando rápidamente objetos personales. Pueden aparecer en estas personas, síntomas físicos o somatizaciones como forma de manifestación del duelo.

Duelo Exagerado: la persona manifiesta una intensa reacción emocional que puede manifestarse como depresión severa, ataques de pánico, conductas fóbicas, manías,…. pudiéndose equiparar sus síntomas al trastorno de estrés postraumático.

Duelo Retrasado: es cuando la persona tiene una reacción emocional que no tiene la suficiente intensidad como para iniciar el proceso de duelo y queda como “atascado” en esa situación; los sentimientos se inhiben y pasado el tiempo, motivo de otra pérdida o acontecimiento estresante, aparecen de forma desmesurada. Estas personas evitan pensar en lo sucedido y para ello procuran estar en una actividad constante.

El duelo en el cuidador de una persona con demencia
Las características del duelo en el caso del cuidador y la familia de la persona con demencia, son especiales por tratarse de una enfermedad de curso progresivo y habitualmente larga, lo que hace que el duelo tenga un carácter anticipatorio.
Durante la fase inicial o leve, el cuidador se va adaptando a una nueva situación, y adoptar un nuevo rol dentro de su familia (el de cuidador), a una nueva forma de comunicarse con su familiar.
En estadios moderados, el cuidador inicia un proceso de pérdida al producirse un deterioro de las capacidades de su familiar enfermo, especialmente su progresivo aislamiento emocional, que altera y transforma la relación entre ambos, produciéndose progresivamente un distanciamiento entre ambos.
Durante la fase grave de la enfermedad, cuando la demencia está avanzada, aparecerá la conciencia de pérdida que supone el inicio del proceso de duelo.
Los factores de riesgo que pueden obstaculizar la tarea del duelo anticipatorio son:

La no aceptación de la enfermedad ni de su avance.
La sobrecarga del cuidador.
La carencia de recursos propios de afrontamiento por el tipo de personalidad del cuidador.
La incapacidad para pedir ayuda.
El no saber poner límites a su labor como cuidador.
Y la falta de recursos de apoyo social, entre otros.
El duelo en la persona con enfermedad de Alzheimer u otra demencia
En ocasiones se presenta la circunstancia que es la persona con demencia la que sufre la pérdida de un familiar (cuidador principal, cónyuge, hijo u otra persona con quién mantiene un vínculo especial); en estos casos se da un tipo de duelo llamado “duelo desautorizado” (Payás, 2005), ya que se considera que las personas con demencia no tienen recursos para afrontar la pérdida y por lo tanto exponerles personal y socialmente a la misma sería un riesgo innecesario que complicaría su ya compleja situación; pero está demostrado que las personas con demencia tienen también la necesidad de ser protegidos y acogidos en su dolor y que tienen sus mecanismos emocionales para hacerlo.

Es peor para la persona con demencia vivir un duelo no visible (estar viviendo internamente el duelo sin demostrarlo, a consecuencia de que su familia le haya evitado la situación para protegerlo) que un duelo visible, ya que un duelo enmascarado puede complicar su estado cognitivo-funcional.

Dependerá del estadio en el que se encuentre cada persona, la forma en que el cuidador le ayudará en este proceso de duelo, e incluso puede, durante un tiempo, que viva la fase inicial del duelo cada día como si fuera el primero o puede que no haya una respuesta emocional significativa.

Si usted como cuidador no sabe qué hacer en estas circunstancias, no dude en consultar con el psicólogo.

Aspectos a tener en cuenta en cualquier proceso de duelo
El duelo es una vivencia íntima, un proceso personal; no hay nada malo en sentir dolor, pena y tristeza, pero es importante que usted tenga en cuenta que cada persona debe seguir su propio ritmo, sin forzar el proceso ni las fases del mismo. La persona en duelo necesita espacio para expresar sus emociones; la compañía de familiares y amigos puede ayudarle a sobrellevar la pena pero también es importante disponer de tiempo para estar a solas.

El llanto es una manera de expresar el dolor; llorar más, o menos, no significa que se sienta más o menos la pérdida.

Durante el proceso de duelo se vive una sobrecarga emocional, no es recomendable tomar en ese momento decisiones importantes. Identificar sus sentimientos le ayudará a controlar la angustia. Recuerde que no hay sentimientos “malos o buenos” y que los sentimientos negativos que puedan aparecer no significan que usted haya sido un mal cuidador.

La palabra “Alzheimer” se asocia frecuentemente a muerte y, debido a ello, muchos familiares/cuidadores empiezan a mostrar síntomas de duelo anticipado desde el inicio de la enfermedad.Recuerde que esta enfermedad avanza de una manera distinta en cada persona, no es posible predecir cuándo ni cómo llegará el final.

No sólo la muerte real hace sentir la pérdida, sino también la muerte psíquica. El progresivo deterioro, la pérdida de capacidades, la ausencia de reconocimiento de familiares e incluso de sí mismo, hacen que el cuidador viva un duelo anticipado ante la “muerte psíquica” de su familiar.

Fuente: Afate

¡CREO QUE ES ALZHEIMER!

Cuando aparecen todos los síntomas de Alzheimer en nuestros familiares suele pasar que aceptamos la enfermedad como tal sin antes hacer ver al posible enfermo con un doctor que le diagnostique la enfermedad.

Es entonces cuando cometemos un grave error pues nosotros como cuidadores y/o familiares no podemos diagnosticar a una persona, para ello es necesario y es nuestro deber llevarlo a un doctor para que este le descarte la enfermedad y concluya si es Alzheimer o no. Pues los llamados olvidos que percibimos pueden ser producto de muchas causas como:


  1. Depresión
  2. Ansiedad
  3. Déficit de atención
  4. Fármacos
  5. Deficiencias vitamínicas
  6. Hipotiroidismo
  7. Alzheimer

Por ello no cometamos un error común entre familias que creen tratar con el mal de Alzheimer perjudicando a sus familiares cuando es posible que se enfrente a otra enfermedad o a una demencia senil. Por lo que es crucial que nuestro familiar reciba diagnostico médico para que una vez conocido el mal que padece pueda recibir un tratamiento adecuado y de inmediato.

Recuerda:

No te conformes con un creo o un parece, mejor ve a un especialista que te diga es Alzheimer. 

No es una sugerencia es un deber y necesidad para tu bien y el bien de tu ser querido.


Fuente: Familiares del Alzheimer