Cómo ayudar a la familia de un enfermo de Alzheimer?

Intentar no perder el contacto con los miembros de la familia, aunque sea a través de acciones simples, como una llamada telefónica de vez en cuando o una visita son actos que significan mucho para ellos, aunque no se reciba respuesta de su parte. 

Tener para con ellos, ocasionalmente, pequeños detalles o atenciones.

Ofrecerles ayuda para proporcionarles tiempo libre y el descanso que necesitan, pero una ayuda específica y concreta, no “general” (del tipo ¿necesitas algo?), ya que a las familias les resulta difícil pedir ayuda.

Informarse sobre la enfermedad y sobre los cambios de comportamiento que ocasiona en el enfermo, para poder entender la situación a la que se enfrenta la familia.

Proponerles actividades que les ayuden a salir, relajarse y descansar, incluyendo al enfermo si es posible.

Aprender a escuchar, porque a menudo los enfermos y los cuidadores lo que necesitan es hablar con alguien, sin interrupciones. No es necesario ofrecerles respuestas, ni tampoco cuestionar o juzgar lo que explican. Basta con darles soporte y comprensión.

Preocuparse por el cuidador y animarle a cuidar de sí mismo, procurándole información y ayuda o compañía si es preciso.

Preocuparse de todos los miembros de la familia, incluido el enfermo, ya que agradece las visitas aunque sea incapaz de demostrarlo.

*Extracto de varios folletos, publicados por la Fundación La Caixa, dedicados a conocer mejor la enfermedad de Alzheimer y servir de ayuda e enfermos, familia y cuidadores.

Anuncios

Síndrome de Burnout

​​Síndrome de burn-out o síndrome de “estar quemado” 

Se refiere a un estado de agotamiento emocional, físico y mental grave en el que la persona se derrumba a causa del cansancio psíquico o estrés que surge de la interacción social y ante una rutina laboral.

Acostumbra a presentarse en personas que por su profesión acostumbran a ocuparse de los demás, como por ejemplo enfermer@s, cuidador@s, maestr@s, etc. Se produce una despersonalización, una reducción de su capacidad personal habitual, como si ya no estuvieran tratando con personas.

Esta situación se ha ido produciendo durante un largo periodo de tiempo, y finalmente la persona se encuentra en un estado de incapacidad para seguir trabajando. 

¿Qué le ocurre?

Siente que ya no puede dar más de sí a los demás,
Se siente desbordado por las demandas emocionales de los otros,
Siente que sus recursos emocionales ya están agotados,
Se levanta ya agotado

¿Cuáles son los síntomas?

Distanciamiento afectivo, irritabilidad, atención selectiva, ironía, etc.

Se producen diferentes mecanismos de defensa como racionalización, desplazamiento de afectos, negación de la realidad, etc.

Absentismo laboral, consumo de medicamentos o drogas, aumento de conductas violentas.

Sufre fatiga crónica, dolores de cabeza, problemas del sueño, hipertensión, y diversas enfermedades psicosomáticas.

Factores precipitantes 

Factores ambientales: El contacto continuo con personas gravemente enfermas, a veces con consecuencias de muerte, y con los familiares de éstos que se encuentran angustiados. En estas circunstancias se producen intensos sentimientos de amor, miedo, duelo, etc. que se dan de forma repetitiva.

A la sobrecarga emocional habitualmente se suma una sobrecarga de trabajo, falta de tiempo, de personal, de material, etc. 

Factores personales: Al principio de realizar este tipo de trabajo, aunque sea muy exigente, se acoge con entusiasmo, pero más tarde se produce una sensación de derrota al no percibir los resultados que se esperaban, a pesar el esfuerzo realizado. Se contamina del negativismo y de la frustración, y finalmente aparecen los citados síntomas. 

Factores desencadenantes 

A causa de los síntomas anteriormente citados se producen conflictos dentro de la familia, y dentro del trabajo, con disminución del rendimiento, de la motivación, llegando a ignorar a las otras personas y sus necesidades, comportándose de forma fría o indiferente. 

Si estás afectado por este síndrome ¿Qué deberías hacer? 

Es conveniente que entiendas que para atender a los demás debes estar en condiciones, y para ello debes cuidar de ti mismo, conocerte tu cuerpo y entender sus señales.

Procura realizar un ritmo de trabajo que no sea excesivo, respetando las pausas de comida, descansos, etc.

Cuando te sientas tenso, haz una pausa y procura hacer una pequeña relajación, para luego continuar.

Di “no” cuando te encomienden más tareas de las que puedes realizar.

Procura favorecer el trabajo en equipo e reforzar los aspectos positivos.

Establece fronteras entre tu trabajo y tu vida privada, cuida tu ambiente familiar, haz gimnasia, masajes, relajación.

Apóyate en tu red social: familia, amigos, compañeros… 

Si ves que no consigues tú solo superar la situación y que desaparezcan los síntomas, acude a un profesional de la psicología que te ayude.

Bibliografía recomendada: Maria A. Manassero i altres. “Estrés y burnout en la enseñanza”. Palma: Universidad de les Illes Balears, 2003. Ed. Psicología.3

Dra. Elisa Urbano
Psicóloga, sexóloga y Terapeuta

Fuente: psicoarea.org


ALZtivista

Medidas generales para reducir el riesgo de caídas

Disminuir la tasa de caídas y sus consecuencias puede mejorar la calidad de vida en las personas mayores, y reducir el impacto funcional, emocional y económico que conllevan sus secuelas. Para ello, es importante tener en cuenta los siguientes consejos:

 

  1. Mantener una buena forma física: hacer ejercicio con regularidad fortalece los músculos y mejora el equilibrio y la coordinación.
  2. Cuidar la nutrición y la hidratación: ajustar la ingesta calórica a la actividad física y evitar las dietas excesivamente restrictivas sin control médico es esencial. En especial, es importante prestar atención a la ingesta de proteínas (pescados, carnes blancas y huevos) y de alimentos ricos en calcio y vitamina D (que también podemos obtener con la toma moderada de sol). Por último, es muy beneficioso beber de 6 a 8 vasos de agua al día y aumentar la cantidad en caso de realizar ejercicio o en temporadas de calor.
  3. Vigilar la medicación: revisar los medicamentos con un médico o farmacéutico, incluso los que se venden sin receta, y preguntar sobre las posibles consecuencias como la somnolencia o el mareo. Utilizar un pastillero para evitar confusiones en caso de tomar muchos medicamentos al día o a la semana. Preguntar si los diversos medicamentos interactúan entre sí y pueden ocasionar efectos adversos. No variar la posología de los fármacos sin preguntar a un médico o farmacéutico.
  4. Participar en actividades sociales: hay muchas asociaciones, centros de salud, etcétera, en todos los municipios, donde encontrar a otras personas y participar en actividades sociales. Las reuniones sociales aumentan la calidad de vida y evitan la soledad. En caso de vivir solo es importante contactar, al menos una vez al día, con alguna persona que se asegure que no ha habido problemas o síntomas.
  5. Adaptar la vivienda: así será un lugar seguro para las personas mayores, algo importante si tenemos en cuenta que al menos la mitad de las personas que se caen, lo hacen en sus domicilios.

En el cuarto de baño…

Mantener el suelo seco después de ducharse. Se puede colocar  una este

rilla, pero se ha de asegurar con firmeza para disminuir las posibilidades de tropezar.

 

  • Instale barandillas de seguridad.
  • El toallero, soporte para jabón, estantes o soportes para papel higiénico han de estar sujetos a la pared, para que no fallen en caso de usarlos como puntos de apoyo.
  • Añadir bandas para no resbalar en el suelo de la bañera y la ducha.

  • En caso de inestabilidad o problemas de equilibrio, o para mantenerse en pie, use una silla de ducha y un accesorio manual para la ducha (el llamado “teléfono”).
  • No cerrar la puerta del cuarto de baño, si se cae estando dentro van a tardar más en atenderle.
  • Llevar el teléfono móvil al cuarto de baño,  o si es usuario de un sistema de teleasistencia, ducharse con el avisador puesto.

¿Y en el resto de la casa?

  • Levantarse con cuidado y, poco a poco, después de estar sentado o tumbado. Sentarse en el borde de la cama o de la silla hasta estar seguro de que no se marea.
  • La altura de la cama ha de ser tal que pueda levantarse de ella y acostarse sin tener que realizar esfuerzos.
  • Evitar las alfombras; en caso de usarlas, asegurarse de que queda bien sujeta al suelo y que no tiene irregularidades,  arrugas o pliegues que faciliten los tropiezos.
  • Llevar un calzado que sujete bien el pie, con suelas no resbaladizas (las de goma son adecuadas y han de revisarse para detectar el desgaste). Deben evitarse tacones altos y finos, así como los zapatos tipo zueco o chancleta, incluso para las zapatillas de ir por casa.
  • Mejorar la iluminación del dormitorio y de las zonas de paso. Encender las luces cuando se levanten por la noche.
  • Poner bombillas que den suficiente luz (al menos 60 watios o equivalente). Utilizar pantallas para disminuir la luz deslumbrante y para hacer la iluminación de la habitación uniforme. Use cortinas claras para evitar el deslumbramiento con la luz exterior, sin oscurecer excesivamente.
  • El suelo debe mantenerse seco y sin irregularidades (por ejemplo, baldosas rotas o móviles).
  • Organizar la ropa  y otros objetos para que puedan cogerlos con facilidad (especialmente importante en la cocina) ; ha de evitar agacharse mucho, ponerse de puntillas o subirse a escaleras o taburetes. Mantener siempre cerrados los cajones del armario para no tropezar con ellos.
  • No llevar ropa demasiado larga o demasiado holgada, ya que puede tropezar con ella o pisarla.
  • En las escaleras, es conveniente poner un color contrastante en la parte superior del borde de todos los peldaños para poder ver mejor las escaleras. Por ejemplo, si son de madera oscura use un color claro.
  • Quitar las cosas con las que puede tropezar (como papeles, libros,  paquetes, cables de luz y otros aparatos eléctricos) de las zonas de paso. Simplificar los recorridos de estas zonas de paso.
  • Colocar barandillas fijas para las manos a ambos lados de las escaleras. Cuando las  suban, es aconsejable mantener al menos una mano en la barandilla y concentrarse en lo que estamos haciendo. Tampoco llevar nunca ningún paquete que impida ver el peldaño siguiente.
  • Tener un teléfono que puedan alcanzar con facilidad, lo mejor son los teléfono móviles sencillos,  que pueden llevar siempre consigo. Han de tener los números de emergencia y de más uso (familiares, servicios de emergencia, etc.) programados.
  • Valorar la utilidad de los servicios de teleasistencia, que ofrecen avisadores portátiles (suelen ser como medallas con un botón activador).

Esos consejos, aunque numerosos, no son exhaustivos. Debemos aplicar el sentido común de facilitar la movilidad de una forma segura y evitar las situaciones de riesgo. Lo más difícil es comprender que acciones como levantarse, vestirse, ducharse o el modo de vestir tienen que hacerse de forma diferente a la habitual años atrás.

ALZtivista

Las caídas frecuentes

El 30% de los mayores de 65 años y el 50% de los mayores de 80 años, se caen al menos una vez al año; y los que se caen, tienen dos o tres veces más probabilidades de caerse de nuevo en el siguiente año.

 

Las caídas y sus consecuencias pueden generar desde la disminución de la calidad de vida del anciano, discapacidades que impidan su independencia en la vida diaria, hasta incluso su fallecimiento, con el correspondiente impacto para sus familias y cuidadores.

La edad y otras causas

El principal factor que predispone a las caídas es la edad. Sin embargo, las alteraciones de la movilidad (artrosisosteoporosis, falta de musculatura, alteraciones del equilibrio), los problemas nutricionales (por alteraciones dentales o digestivas, problemas económicos, etc), y el tipo de vivienda también son relevantes.

 

De hecho, la mitad de las caídas en ancianos son en el domicilio aunque son los residentes en centros de cuidados prolongados los que más se caen y sufren las peores consecuencias.

Principales factores de riesgo

Hay dos tipos de factores de riesgo de las caídas: los individuales y los ambientales.

 

Factores de riesgo individuales

Antecedentes de caídas previas

  • Edad
  • Sexo femenino
  • Vivir solo
  • Toma de Psicofármacos (sedantes, antidepresivos, etc)
  • Múltiples medicamentos (más de cuatro)
  • Enfermedad crónica (especialmente respiratorias, depresión y artritis)
  • Alteración de la movilidad y de la marcha (vértigo, inestabilidad, falta de movimiento)
  • Miedo a caerse
  • Carencias nutricionales
  • Deterioro cognitivo, demencia
  • Trastornos visuales (cataratas, glaucoma, etc.)
  • Problemas y deformidades de los pies (juanetes, callosidades, dedos en garra, úlceras, etc.)
  • Antecedentes de infarto cerebral, enfermedad de Parkinson
  • Infecciones y enfermedades agudas (infecciones urinarias, gripe, etc.)

Factores de riesgo ambientales o extínsecos

  • Riesgos ambientales (poca iluminación, suelos resbaladizos, superficies irregulares, etc.)
  • Calzado y ropa inadecuados (por ejemplo, zapatos que no sujetan bien el pie)
  • Ayudas para caminar o dispositivos auxiliares inadecuados
  • Salvar diferentes alturas (escaleras, bordillos, entrar y salir de vehículos, etc)

ALZtivista



Prevención de las caídas en adultos mayores

Las personas mayores cada vez viven más años. Llegar a edades de 80 o 90 años resulta algo corriente en la actualidad. Como consecuencia del incremento de la esperanza de vida, el riesgo de caerse y presentar secuelas también aumenta, especialmente en aquellos ancianos que sufren una mayor fragilidad o problemas de salud.


Lo que debes saber:

  • La mitad de las personas que se caen lo hacen en sus domicilios, por eso es básico adaptar la vivienda para hacerla más segura.
  • La edad, las alteraciones de la movilidad, los problemas nutricionales y el tipo de vivienda son las causas principales de caídas.
  • Mantener una buena forma física, cuidar la dieta, revisar la medicación y participar en actividades sociales son buenas medidas a tomar.


ALZtivista

Qué es la enfermedad de Alzheimer?


La demencia más frecuente es la enfermedad de Alzheimer.

Se trata de una enfermedad neurodegenerativa que se adquiere de forma progresiva provocando desintegración del comportamiento junto con la pérdida de habilidades intelectuales y funcionales llegando a ser una enfermedad completamente irreversible.

Las causas y su curación aún son desconocidas pero se sabe que la enfermedad ataca al cerebro alterando el pensamiento, la memoria y el lenguaje. Esto afecta a la habilidad de recordar, razonar y comunicarse en la persona, produciendo un grave deterioro de sus funciones cognitivas, conductuales y funcionales.

Consiste en la muerte progresiva y rápida de las células cerebrales (neuronas). La conexión de neurotransmisores entre las neuronas (denominada sinapsis) se ve interrumpida y esto impide que la información entre ellas se transmita, provocando, como se ha dicho, alteraciones cognitivas, conductuales y funcionales.

Con frecuencia es confundida con la llamada “demencia senil” pues existe todavía la errónea creencia de que estas enfermedades son una consecuencia natural del envejecimiento. Pero realmente no forman parte del envejecimiento normal, que si bien está ligada a la edad, no es exclusiva sólo de ancianos. Tampoco es contagiosa ni hereditaria, salvo en casos excepcionales no superando el 2% del total.

En la mayoría de las personas afectadas, los síntomas aparecen por primera vez demostrando claras señales de deficiencia en la memoria, el lenguaje y el comportamiento. Normalmente se da después de los 65 años de edad aunque no significa que la persona no haya adquirido anteriormente la enfermedad sino que los síntomas son difíciles de apreciar  en su fase inicial, es decir, que existen personas que antes de los 65 años pueden estar sometidas a la enfermedad sin aún saberlo.

Normalmente, en la enfermedad de Alzheimer se divide en tres fases o estadios, según la aparición de síntomas en relación a su gravedad y al grado de incapacidad que provocan. Debemos tener en cuenta que la evolución de esta enfermedad nunca es idéntica de una persona a otra.

 

¿Cómo se desarrolla?

Podemos dividir todo el proceso de la enfermedad en tres grandes estadios: uno inicial, con una sintomatología ligera o leve, en el que la persona mantiene su autonomía y precisa de una supervisión básica; un estadio intermedio, con síntomas de gravedad moderada, con dependencia de un cuidador para realizar las actividades cotidianas; y un tercer estadio grave, donde la pérdida de la funcionalidad determina una total dependencia.

La enfermedad toma su nombre del Dr. Alois Alzheimer.

En 1906, el Dr. Alois Alzheimer descubrió una serie de cambios en los tejidos del cerebro de una mujer que había muerto de una rara enfermedad mental. Sus síntomas incluían pérdida de la memoria, problemas en el lenguaje y un comportamiento impredecible.Después de morir la mujer, el Dr. Alzheimer examinó su cerebro y descubrió varias masas anormales (actualmente llamadas placas, compuestas de proteína precursoras β-amiloides, APP) y bultos retorcidos de fibras (llamados ovillos o nudos neurofibrilares compuestos de proteína tau).

Las placas y los ovillos en el cerebro son dos de las características principales de esta enfermedad. La tercera característica es la pérdida de las conexiones entre las células nerviosas (las neuronas) en el cerebro.

 

A pesar de que no se sabe aún con exactitud qué inicia el proceso de la enfermedad, sabemos que el daño al cerebro empieza unos 10-20 años antes de que algún problema sea evidente. Los ovillos empiezan a desarrollarse en la parte profunda del cerebro, en un área llamada corteza entorinal, y las placas se forman en áreas del hipocampo y lóbulo frontal. A medida que se van formando más placas y ovillos las neuronas sanas comienzan a funcionar con menor eficacia. Posteriormente pierden su habilidad para comunicarse entre ellas y finalmente mueren. Este proceso se propaga a medida que aumenta las muerte de las neuronas y las regiones afectadas comienzan a encogerse. Cuando la enfermedad se encuentra en su fase final, los daños se han extendido ampliamente y los tejidos del cerebro se han encogido considerablemente.